Todavía perdura el olor del último café. El instante de miradas cruzadas, de palabras calladas; el recuerdo de alguien que lo invade todo… Te cuelas constantemente en mi cabeza. Apareces en los momentos más inoportunos; en reuniones donde se me escapa una sonrisa, entre papeles, rodeado de gente y anhelando en encontrar una voz. La tuya. ¿Cómo te explico que el sentido común se da de bruces con la serenidad? ¿Cómo te explico que se para el reloj? Que todo el tiempo carece de sentido si tú no estás en él… Que en este afán por respetarte no hago otra cosa si no reprocharme porqué no estoy ahí… ¿Por qué dejo escapar este momento? ¿Por qué me quedo en el andén? ¿Por qué permito esta desesperación que me recorre todo el cuerpo? ¿Por qué tengo que recordarme minuto a minuto que no debo… que no puedo…? Te busco, te busco Siempre. He venido a quedarme, Si tú quieres…
Me pregunto cuántos días llevas sin regar las plantas. ¿Acaso no te acuerdas de ellas? ¿No ves sus hojas caídas? ¿No sientes la tristeza al pasar por su lado? ¿No sientes que estoy sediento de ti?
